
Con inmensa alegría y entusiasmo, los niños que asisten a la Escuela Infantil Jesús de la LBV, volvieron a clases, para compartir momentos de juegos y aprendizajes.
Con la llegada del mes de marzo las calles de la ciudad comenzaron a poblarse de miles de niños con sus guardapolvos o uniformes, dispuestos a aprender y disfrutar junto a sus compañeros. Para muchos, es el comienzo de un camino de nuevos conocimientos, juegos y amistad. Sin embargo, muchos otros pequeños no cuentan con esta posibilidad. En el país, hacia 2023 más de medio millón de chicos de 3 y 4 años no lograban acceder al jardín, según un informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA).

Pero felizmente, para los niños que asisten a la Escuela Infantil de la LBV se abre un mundo de oportunidades en un espacio que los contiene y contribuye a su desarrollo, con alimentación, actividades pedagógicas, recreativas, y principalmente, el afecto de todo el equipo educativo. Esto, sin duda, repercutirá en sus vidas.

Los alumnos asisten en doble jornada y provienen de hogares que se encuentran en situación de vulnerabilidad social. Para las familias es mucho más que el espacio de aprendizaje de sus hijos, pues además ofrecen contención y asesoramiento en las diversas problemáticas que enfrentan, y pueden asistir a talleres sobre temas como violencia, límites, alimentación, derechos humanos, entre otros. Es más, todas las actividades se desarrollan teniendo en cuenta a las familias.

Pedagogía
Cabe destacar que en toda su red de enseñanza y programas socioeducativos, la LBV aplica una pedagogía propia creada por el educador José de Paiva Netto, Presidente de la Institución. Este sistema de enseñanza, en el cual el cerebro y el corazón trabajan juntos, considera al estudiante como un ser espíritu – biopsicosocial, pues trae consigo el registro de experiencias que contribuyen a su aprendizaje.

Este marco conceptual se adapta y varía de acuerdo a las edades de los alumnos, recibiendo la denominación de Pedagogía del Afecto para chicos de 0 a 10 diez años. En esta franja etaria se procura la unión de los sentimientos al desarrollo de la inteligencia, a fin de que el cariño esté presente en todos los ambientes de convivencia de los niños y niñas, inclusive el escolar. A partir de los 11 años, se aplica la Pedagogía del Ciudadano Ecuménico, en la que el alumno, la familia y los educadores son considerados como coautores del aprendizaje, dividiendo entre sí las responsabilidades y actuando de forma distinta en un proceso integrado.